Entrevista a Felipe Pérez Santiago

By in Mezcla Profesional, Música

Felipe Pérez Santiago es un músico, compositor, arreglista, educador, ingeniero de sonido y productor aparte de ser el fundador y director artístico del Ensamble Mal’Akh.  El multifacético ganador de un sin número de premios y distinciones interrumpió su última grabación para hablarnos un poco de su jornada artística. 

 

Sé que tienes una trayectoria increíble en tu carrera. Has estudiado en las universidades más acreditadas. Has trabajado con algunos de los artistas más famosos del mundo. ¿Cómo empezaste en el mundo de la música?

Sí. La verdad ya llevo muchísimos años haciendo música. Yo empecé a estudiar música desde muy niño. Empecé a tocar guitarra como desde los seis o siete años. Tuve unos papás que siempre me apoyaron. Siempre tuve la pasión por la música, por la guitarra y la composición. Conforme fui creciendo empecé a irme por el camino tradicional de querer formar grupos de rock y de querer hacer grabaciones y discos.

Más adelante, cuando la cosa iba más en serio, empecé a estudiar música formalmente. Estudié la carrera de composición en el CIEM (el Centro de investigación y estudios musicales), aquí en México. Y como este centro está afiliado a la Royal School of Music de Londres, paralelamente, estudié la carrera de teoría de la música —yo también soy teórico.

En aquel entonces, todavía estaba yo indeciso en cuanto a qué parte de la música me quería mover. Estaba entre ser compositor y director de orquesta o si quería irme más hacia el lado rockero y jazzista como intérprete, como guitarrista. Al final me decidí por la composición.

Al terminar mi carrera, decidí hacer mi posgrado de composición en el Conservatorio de Rotterdam, en Holanda, donde yo inocentemente pensé que iba a pasar unos dos o tres años y me quedé por casi quince. Hice un posgrado en composición contemporánea. Hice una maestría en composición electroacústica. Estudié dirección de orquesta. Continué mis estudios de guitarra.

Y me topé con algo maravilloso, que ha sido una gran influencia en mi vida profesional hasta ahora: que Rotterdam es la única escuela del mundo que tiene un departamento de lo que ahora se denomina World Music. Uno podía estudiar una carrera de flamenco, de tango, de música de la India, música turca o de música caribeña. Entonces sí me acerqué a todos esos cursos multiculturales, y tuve la fortuna de haber estudiado un poco de todas estas tradiciones. Esto se ha filtrado en mi música y en mi trabajo de una manera muy presente.

Fueron años de muchísimo estudio, de muchos viajes y de conocer a mucha gente, pero sobre todo de empaparme de muchísima cultura general y particularmente musical.

Una jornada increíble. Y larga…

Vi que mucha de tu música es electrónica. ¿Cuántos instrumentos puedes tocar?

Soy guitarrista. En mi pagina web se puede ver una parte de mi colección de guitarras. Otra parte la tengo en estuches. Pero sí: las guitarras son mi pasión.

Además, para los que estudian la carrera de composición y dirección orquestal la carrera de piano es obligatoria; no con la intención de convertirnos en ejecutantes para interpretar grandes conciertos, pero sí hay que estudiar cuatro años de piano. Gracias a eso puedo decir que me defiendo bastante bien en el piano.

Esos son mis dos instrumentos principales, y también estudié algo de percusión.

¿Consideras a la educación como un factor importante para el éxito en la industria de la música?

Este es un tema delicado y polémico.  Mi camino ha sido 100% académico y yo siempre voy a apoyar los estudios en la música y en cualquier otra materia.  Sin embargo, ha habido gente que nunca ha estudiado una sola nota —y que ni siquiera sabe dónde está el do en la partitura—, y que ha hecho una carrera extraordinaria.

También en la producción hay gente que ha estudiado en las grandes escuelas de ingeniería de audio, como el SAE, que han tenido a los grandes maestros de ingeniería y de producción en Berklee, y que han hecho extraordinarias carreras, como hay gente que nunca ha abierto un solo libro sobre producción y que han hecho los mejores discos de la historia.

Entonces yo creo que depende del individuo.

Pero en lo que sí he hecho mucho hincapié —a mis alumnos, en los talleres, en conferencias, en las master classes y en entrevistas como esta que me haces el favor de hacer— es estudiar y tomarse muy en serio lo que a uno le apasiona.

No tiene que ser un camino 100% académico, con maestrías, doctorado, diplomas, toga y birrete. Pero, si me gusta tocar la guitarra, lo recomendable sería pasarme horas y horas conociendo mi instrumento y todos sus secretos. A eso me refiero con el estudio. Si me gusta la consola y me gusta producir y grabar, sería muy bueno pasarme horas y horas en un estudio de grabación, aprendiendo de los grandes, conociendo conceptos y aprendiendo a usar el equipo y su software.

Yo creo que hay un gran cliché, sobre todo en los músicos jóvenes. Creen que estudiar les va a matar la creatividad. Eso me parece una tontería. La creatividad la tienes o no la tienes. Lo que nos dan los estudios son los recursos para explotar esa creatividad.

Uno puede nacer genio —que ciertamente no es mi caso, por eso tuve que estudiar tanto—, pero en algún momento la creatividad va a toparse con un límite. Un genio puede hacer una buena canción, un buen disco o hasta un buen par de discos. Pero va a llegar a un punto en el que se va a topar con una pared y no va a saber a dónde ir. Y ese es el momento en el que los que hemos estudiado tanto podemos recurrir a todo lo que aprendimos. Podemos recurrir a la técnica de composición, a la técnica de orquestación, a la armonía, al contrapunto, a la técnica de producción. Podemos acercarnos a los grandes músicos, a compositores, arreglistas y productores para crear juntos y lograr entonces ese siguiente gran disco, esa siguiente gran canción o esa siguiente gran obra.

Yo creo que ahí es donde la parte académica realmente cumple su función.

Yo invito a la gente que lea esta entrevista a que estudie. No la estoy invitando necesariamente a que saque un diploma o que ingrese a una escuela de estudios formales, pero sí que se tome en serio la carrera que quiera estudiar. Si es música, les aconsejo que estudien su instrumento, que estudien armonía, que estudien contrapunto porque, a la larga, eso les va a dar los recursos para seguir creando.

La práctica hace la perfección.

Exactamente: la práctica y el conocimiento.

Has trabajado con grandes artistas como el Kronos Quartet y compañías teatrales como el BalletTheater München, en Alemania, y el Harlem Dance Theater, en Nueva York. ¿Cuál es tu secreto para el éxito?

Uno es los muchos, muchos años de estar haciendo esto.

Otro es trabajar con otros artistas. Eso es terriblemente enriquecedor. Yo amo las colaboraciones. Si yo, como compositor, me enfocara exclusivamente en estar sentado todo el día escribiendo esa gran sinfonía, pues sí que sería maravilloso salir seis o doce meses después —barbudo y con el pelo largo— y decir: “¡aquí tengo la gran partitura que va a cambiar al mundo!” ¡Qué maravilla! Pero si esa partitura no es interpretada por nadie, no vale nada. Es papel. No tiene ningún valor. Se llena de valor en el momento en que es interpretada por un músico y, sobre todo, en el momento en que es escuchada por un público. Ese es el momento en el que se convierte en arte. Ahora, si en esa ejecución puede haber además bailarines, escenógrafos, iluminadores, coreógrafos y guionistas, se vuelve más rico, porque uno, como artista, aprende muchísimo de todos ellos.

He tenido esa filosofía toda la vida. Siempre me he acercado a bailarines, escritores, cineastas y a otros profesionales, y ha sido un camino de hormiga. Desde haber trabajado con los estudiantes de coreografía, cuando yo era un estudiante de composición, poco a poco fui avanzando hasta que afortunadamente he hecho mi camino como compositor, y la gente de las grandes compañías se ha ido acercando poco a poco a mí, gracias a que hemos ido haciendo camino.

He tenido la fortuna de haber llegado al punto en que los grandes cineastas, los grandes coreógrafos y los grandes ensambles se acercan a mí para que colaboremos. O si yo me acerco a ellos, afortunadamente mi trayectoria me da el aval para que ellos también se interesen en trabajar conmigo.

¿Con qué otros artistas has tenido oportunidad de trabajar como compositor o como músico?

Es una lista muy, muy larga. En el cine, por ejemplo, he tenido la oportunidad de trabajar con los hermanos Cuarón, quienes hoy por hoy son de los cineastas más importantes del mundo. Mayormente he trabajado con Carlos, que es el hermano menor de Alfonso, pero sí he trabajado con Alfonso como productor. He hecho las tres películas de Carlos Cuarón: Rudo y cursi, Besos de azúcar y El sandwich de Mariana. Y el próximo año vamos a hacer una nueva película juntos.

He trabajado con Kronos Quartet, con el Octeto ibérico, el Coro nacional de España, el Coro nacional de Holanda, el Coro de San Francisco, el Coro de Nueva York, la Filarmónica de Rotterdam, la Filarmónica de Praga, la Filarmónica de la Ciudad de México, la Sinfónica de Puebla… ¡Son un montón!

Un aspecto de tu carrera es la composición de música para cine. ¿Cómo comparas el proceso creativo de la composición musical clásica con la composición musical para cine?

El cine es una cosa maravillosa. Yo lo veo como una maquinaria enorme. Es un monstruo. Algo que aprendí en los varios largometrajes y muchísimos cortometrajes que he musicalizado es que tú te vuelves un engrane de esa maquinaria. El cine es justo lo opuesto al caso del tipo de quien comentábamos hace rato, que se encierra seis meses en su estudio para luego salir a anunciar su gran obra. Tú eres un engrane o un tornillo de esa máquina. Si un engrane de todo ese diseño de ingeniería se desajusta, el funcionamiento de la maquinaria se viene abajo. Para mí, en el cine es tan importante el director, el productor y el actor principal como el tipo que carga los cables, conecta las lámparas y sirve el café. Si se tarda en tener el café listo, a lo mejor el actor se pone de malas y se pierde un millón de dólares porque la toma salió mal.

Es una maquinaria perfecta y en esa maquinaria estamos todo el equipo de postproducción, que es donde entramos los musicalizadores y todo nuestro equipo, que incluye a ingenieros de audio, músicos, orquestadores y asistentes.

A mí me fascina ser parte de ese monstruo. Y al final yo también digo que estamos al servicio de un bien mayor que es la película y la gente que la va a ver. Me encanta saber que me tengo que quitar de encima al compositor y saber que voy a trabajar para ese producto mayor, pero por otro lado también tengo que regresar al compositor para ver cómo le doy mi toque personal para que también tenga mi firma, mi sello, que es por lo que afortunadamente me siguen llamando a hacer películas. No es nada más supeditarme a que me digan “ahora componte un mambo, luego compón un chachachá, después una salsa y luego haz algo clásico,” sino que también tenga mi sello personal.

Es muy padre hacer cine, por lo que te contaba de las colaboraciones, pero sobre todo es padre ser parte de todo eso que es una estructura y una arquitectura tan grande.

¿Con cuál director de cine te has identificado más?

Por volumen y por personalidad, definitivamente con Carlos Cuarón. Ya llevamos tres películas juntos. Ahora ya vamos por la cuarta y además somos muy buenos amigos.

Carlos tiene un humor extraordinario. Imagina el humor y el cinismo de alguien que escribió los guiones de películas como Sólo con tu pareja o Y tu mamá también. Es imposible no estar todo el tiempo riéndote con alguien así. Es alguien verdaderamente divertido, pero también tremendamente enfocado. Es un placer trabajar con él. También nos hemos puesto unos pleitos épicos, pero es maravilloso trabajar con él.

Eres el fundador y director artístico del Ensamble Mal’Akh. ¿Cómo empezaste a desarrollar este proyecto?

Yo desde bastante joven, ya siendo compositor, siempre estaba fascinado con el trabajo de tres compositores en particular: Philip Glass, Steve Reich y Michael Nyman. El mundo da muchas vueltas y he tenido la fortuna de conocer personalmente a los tres. Conocí a dos de ellos por Kronos (a Steve Reich y Philip Glass), y luego conocí a Michael Nyman porque él vive en México y la vida nos llevó a estar al mismo tiempo en una cena, y ahora somos muy buenos amigos. De pronto nos vamos a tomar una cerveza por ahí o nos vamos a cenar. Los tres compositores andan arriba de los 70 años, incluso creo que Philip Glass ya va por los 80.

Pero, además de su música, los tres hicieron algo en su momento que a mí me inspiró a hacer lo que ahora es Mal’Akh: fundar su propio ensamble. Ellos, en las décadas de los sesenta y setenta, cada uno en su país y en su ciudad —Philip Glass y Steve Reich en Nueva York y Michael Nyman en Londres— no encontraban la forma de que su música fuera interpretada por las orquestas de aquella época —situación que afortunadamente no es mi caso. Entonces, decidieron fundar sus propios ensambles, en los que participarían como intérpretes y que así no necesitarían de nadie. Decidieron ser los intérpretes de su propia obra, con sus propios músicos, en un formato más pequeño; casi como un grupo de rock, con instrumentos pertenecientes al mundo clásico pero combinados con órganos eléctricos y batería, y amplificación. Tocaban en lugares que no eran comunes para la música contemporánea o la clásica. Así fue como fundaron el Philip Glass Ensamble, el Steve Reich Ensamble y la Michael Nyman Band.

Eso a mí me fascinó desde que tenía como quince o dieciséis años. Me fui a Europa, estudié su vida y su música y luego regresé a México, ya con todo este bagaje de haber trabajado en Europa, con músicos europeos, y con mucho más experiencia, y decidí fundar este ensamble.

Me parecía que llamarle el “Felipe Pérez Santiago Ensamble” sonaba tres grados más allá de lo horroroso, y mejor decidí llamarlo el “Mal’Akh Ensamble.” “Mal’Akh” se pronuncia “malaj” y es una palabra hebrea que significa mensajero. El haber escogido una palabra hebrea no tiene ninguna connotación religiosa ni política. Simplemente me gustó la palabra y su significado. La palabra “mensajero” es justo lo que yo quería decir: yo quiero llevar el mensaje de mi música.

Uso instrumentos de rock combinados con instrumentos clásicos y multimedia, pero además fui un pasito más adelante porque en mi ensamble tocan músicos clásicos, músicos de rock, músicos de jazz, de folklore, DJs y músicos electrónicos. Combinamos la música con el cine, con danza y con artes visuales.

El ensamble lleva cinco años desde su fundación y tiene millones de proyectos: desde proyectos 100% acústicos o eléctricos hasta proyectos de cine. Hemos colaborado con Lila Downs, Tania Libertad, Armando Manzanero, la Filarmónica de la Ciudad de México, la Banda sinfónica municipal de Puebla. Yo creo que hemos colaborado con más de cien artistas, en estos cinco años, y aún seguimos con colaboraciones. Hace unos minutos le estaba abriendo la puerta a una intérprete de canto sefardí que vino a grabar para el ensamble. Todo el tiempo estamos a la cacería de colaboraciones. Hemos participado en las colaboraciones más inverosímiles, como poner a Ely Guerra con el chelista de Kronos Quartet, en la misma canción. Esa es la filosofía del Ensamble Mal’Akh.

¿Qué otros logros te han enorgullecido en tu carrera?

El ensamble ha sido uno de ellos, porque había sido un sueño de toda mi vida.

Otro es un proyecto del ensamble, llamado Animalik. Es un proyecto de cine de animación musicalizado en vivo. Este año lanzamos nuestra tercera edición. La idea es que cada año lancemos una nueva propuesta.

Hasta ahora ha sido padrísimo, porque se nos han acercado ya muchísimos artistas visuales jóvenes que quieren hacer animaciones para nosotros. Entonces ha resultado una plataforma no sólo para músicos sino también para gente joven que está creando animaciones. Más que un logro personal de decir “¡ah, mira que gran concierto o grabación hice!” o “¡mira el gran premio que me gané!”, me enorgullece mucho que Mal’Akh pueda ser una plataforma para que músicos o artistas jóvenes encuentren cómo mostrar su trabajo.

¿Qué es lo más difícil que has hecho en tu carrera?

Dar clases.

Me encanta dar clases. De verdad, me fascina dar clases. Pero a veces sí siento que mis alumnos son demasiado inteligentes. Entonces, a veces llego a un punto en el que digo: “¡ya no sé si estoy capacitado para enseñarles!”

Otra cosa que me acuerdo que ha sido un reto bastante difícil fueron las muy contadas ocasiones en las que he hecho música para publicidad. Uno piensa, como lo haría un compositor de grandes óperas o de grandes sinfonías, que la publicidad es algo súper sencillo. Pero no. ¡Qué barbaridad! ¡Qué difícil es hacer publicidad!

¿Qué opinas del mercado de la música y del cine en México y en América Latina?

Creo que tengo una visión bastante clara porque afortunadamente he podido ver el mercado internacional.

Yo estuve quince años en Europa y una vez cada año o cada dos años me sigo yendo uno o dos meses a trabajar a Europa, y además salgo mucho a Estados Unidos. Prácticamente hago uno o dos proyectos al año, ya sea en California o en Nueva York. Entonces sí tengo esta visión comparativa.

Yo creo que México está en uno de sus mejores momentos, culturalmente hablando. Claro que es complicado a nivel de marketing. No pretendo ser político con el siguiente comentario, pero estamos bajo un régimen que parece que está haciendo todo lo posible por matar la cultura en este país.

Y sin embargo, creo que sacamos las uñas y nos defendemos, y sacamos adelante los proyectos como nunca antes.

Yo me fui de México en el ’96, y México era un absoluto y total desierto cultural. No había nada. Pero nada de nada. Regreso en el 2009 y me topo con que la Ciudad de México haz de cuenta que es Nueva York o Londres o Ámsterdam o Berlín, o cualquiera de estas metrópolis enormes en las que he tenido oportunidad de trabajar, tanto en cómo se ve la ciudad como la escena cultural que vine a encontrar en México.

Aquí pude fundar mi ensamble. Tengo apoyos, tanto gubernamentales como privados, para poder mantener a veces a hasta diez o quince músicos que tocan conmigo. Obviamente todos tienen trabajos en otros lados. No viven exclusivamente de trabajar conmigo. Pero cuando tocan conmigo se les paga al nivel de los profesionales que son.

Entonces, de que hay escena, hay escena. De que hay apoyo, hay apoyo. Simplemente, como todo, hay que saberlo buscar. Y a veces me paso más horas mandando correos y persiguiendo patrocinios y subsidios que lo que me paso componiendo.

Sobre Latinoamérica, no he tenido la oportunidad de trabajar en todos los países, porque es imposible, pero sí he trabajado en Venezuela, en Uruguay y en Argentina. Y son países que están en un crecimiento tremendo y, aunque nunca he estado ahí, veo lo que pasa en Colombia, en Brasil y en Chile, y veo que hay una escena musical tremenda. Veo que cada vez salen más grupos, más artistas, más películas y más propuestas. Mi pregunta sería: ¿tienen ellos tanto apoyo como el que tenemos en México?

Porque en México, como te comentaba, sí lo hay. El problema es que hay que estar a la cacería constante de ese apoyo. No nos pega en la cara, como a lo mejor pasa en Europa, donde es un poco más sencillo encontrarlo. Me imagino que en Latinoamérica ha de ser un poco más difícil que aquí.

¿Tienes estudio propio o trabajas en estudios comerciales?

Tengo un estudio casero que yo catalogo como un muy buen estudio casero en el que ya puedo pre producir y producir. Sin embargo, cuando se trata de una producción mucho más seria, sí la hago en estudios comerciales y definitivamente no me arriesgo a mezclar ni a masterizar en mi estudio.

Tengo convenios con cuatro estudios, aquí en México, con los que ya mezclo y masterizo. Y si es una grabación ya más grande, también la hago fuera de mi casa.

Pero sí tengo afortunadamente el equipo necesario para producciones pequeñas, las cuales sí hago en mi estudio personal.

¿Usas Pro Tools para tus grabaciones y tus mezclas?

Totalmente.

¿Por qué escogiste Pro Tools como tu estación de trabajo para audio digital?

Pues llevo usándolo literalmente toda la vida, desde el ’97 que fue cuando toqué una computadora por primera vez para usar audio. Estamos hablando ya de hace 18 años. Fue en el estudio del Conservatorio de Rotterdam. Usaron un Pro Tools para darnos un curso de audio obligatorio para los estudiantes de composición. Quién sabe qué versión habrá sido, pero recuerdo que ya había un Pro Tools. Los compositores estábamos muy metidos en la música acústica y la escritura para orquesta y ensambles, y el 90% no volvieron a pisar ese estudio. Yo lo volví a pisar al día siguiente y no me salí de ahí hasta el día de hoy. O sea que me fascinó la idea de la grabación, la producción y el audio, y eso me llevó a hacer mi maestría en música electroacústica.

¿Nos puedes platicar brevemente de cuál es el flujo de trabajo que usas en tus proyectos?

Bueno, depende del proyecto.

Por ejemplo, si estoy escribiendo algo 100% orquestal, hago mis anotaciones en un papel (todavía escribo a la antigüita), y entonces empiezo a hacer las maquetas. A mí sí me gusta mucho maquetear MIDI; me gusta ir escuchando lo que voy escribiendo.

Como yo sí verdaderamente soy un usuario de Pro Tools al 100% —yo uso Pro Tools para todo—, entonces meto las maquetas al Pro Tools, donde voy haciendo los instrumentos MIDI, y voy escuchando para ir apoyando la parte de la partitura. Pero en eso no hay gran producción porque eso lo mando ya a una orquesta, se toca y terminará grabándose con los ingenieros.

Pero, para una producción que involucre una grabación —por ejemplo, para mi ensamble—, yo aquí tengo mis interfaces. Como te comentaba, yo soy guitarrista y tengo mi Mbox 2 Pro. Tengo mis consolas, mis monitores, etc.

Entonces, yo grabo de dos maneras. Si son instrumentos que puedo meter por línea, pues esos los meto por medio de la interfaz y por medio de los preamplificadores de la interfaz, y los meto directo a Pro Tools. Por otro lado, para instrumentos a los que les queda bien la microfonía, tengo un buen par de Neumanns y un juego de micrófonos Shure. Así, por una u otra vía, dependiendo del instrumento, los voy metiendo todos al Pro Tools. Combino mucho con instrumentos virtuales que ya vienen en la librería de Pro Tools. Tengo un buen juego de controladores MIDI.

Soy también coleccionista de varios instrumentos exóticos, como todo tipo de flautas y percusiones. Tengo mi piano acústico aquí. Tengo otros pianos y teclados. Tengo guitarras que parece que se reproducen solas y que son la base de mi estudio. Tengo un theremin. Y todo esto lo uso para grabar, de acuerdo a las necesidades de cada proyecto.

La producción la hago aquí, con músicos que invito: un violinista, una cantante, un clarinetista, un chelista o lo que se necesite. Las guitarras las grabo yo. O bien, si necesito un guitarrista particular, también lo grabo aquí.

Tengo una serie de amplificadores. Casi no me gusta grabar las guitarras por línea, sino a la antigüita, poniendo el micrófono al amplificador.

Y lo que sí hago aquí es pre mezclar. Yo edito todo. Me gusta porque a la hora de editar yo todavía siento que estoy componiendo. No sólo por ir escogiendo las mejores tomas, sino también al poner efectos. No es simplemente como mandar todo a un estudio a que lo pongan a tiempo.

Y ya esa edición final todavía la pre mezclo en mi estudio. Si es algo pequeño, me aviento yo la mezcla. Si es algo más grande, la meto en un disco duro y me la llevo como sesión. Normalmente la hago en stems, porque a veces uno no comparte los mismos plug-ins con otros estudios.

Te comentaba que tengo tratos con cuatro estudios. En uno hago audio. En otro hago mezclas. En otro, cine. Y en el otro hago masterización. Y a todos les llevo la sesión de Pro Tools tal cual. En cada uno de ellos llego, abrimos la sesión y refinamos los detalles.

A grandes rasgos, así es como pre produzco, produzco y pos produzco aquí en mi estudio.

¿Qué elementos clave fueron los que necesitabas que Pro Tools tuviera para resolver los retos de tus flujos de trabajo? En otras palabras, ¿qué te ofrece Pro Tools que te ayuda a resolver los retos más grandes de tu trabajo?

De entrada, la interfaz. Me ayuda mucho que la interfaz ya tenga los preamplificadores. Los preamplificadores de la Mbox 2 Pro me han liberado de tener que usar un preamplificador adicional. Eso ha sido en verdad maravilloso.

He hecho un par de proyectos en vivo donde he usado sonido cuadrafónico y esta misma interfaz lo ha aguantado sin el menor problema. Y me ha funcionado muy bien para otros proyectos en vivo.

Aquí en el estudio me ha servido la manera en que usas el software y te comunicas con él. Es una interfaz intuitiva.

También la potencia del programa: el poder grabar muchísimos canales al mismo tiempo. Según yo fue el primer programa de audio que ofreció canales ilimitados para edición. Me sirven los plug-ins de masterización que ofrece, aunque yo no hago la masterización aquí. Como a mí me encanta la música electroacústica, me ayuda la posibilidad de tener los plug-ins de Maxx o de abrir instrumentos como el Omnisphere o el Reason. También la capacidad de editar en MIDI, dentro de Pro Tools.

La verdad es que me parece una plataforma muy completa. No he necesitado otro programa desde que uso Pro Tools. Como dije hace un rato, es el programa que uso para todo.

¿Cuáles son los desafíos más grandes que tienes que enfrentar como compositor, hoy en día?

La carrera de música es una carrera complicada, pero creo que la gente se espanta más de lo que realmente debería.

Si uno está preparado y le dedica todo el tiempo y el esfuerzo, es tan productiva y rentable como cualquier otra carrera, a nivel económico, a nivel trabajo y satisfacción personal.

Los retos son los de cualquier otra carrera. Puedes, por ejemplo, quedarte sin trabajo. O puede ser que a uno no se le cumplan las expectativas de lo que soñaba, porque uno siempre sueña con tener la gran carrera, ya sea como abogado, como doctor o ingeniero.

Creo que los retos de la música no son mayores que los de cualquier otra carrera si uno se dedica al 100%, si lo hace con ganas.

Para mí hay dos palabras clave en cualquier carrera y en cualquier aspecto de la vida: la pasión y la disciplina. La pasión es importante, pero yo puedo sentir pasión por el futbol —que en mí, la verdad, no es el caso— pero, si no voy a entrenar diario, nunca voy a ser futbolista profesional. Es lo mismo con la música. Yo puedo sentir pasión por la música pero, si no la hago a diario, si no estudio, si no le dedico, si no le echo todas las ganas, nunca voy a llegar a ningún lado.

Uno piensa que las estrellas de rock simplemente están ahí, tocando y ganando dinero, cuando la verdad es que se pasan horas y horas estudiando su instrumento y haciendo lo mejor para sonar lo mejor posible.

Entonces, yo creo que el reto es ese: hacer lo mejor posible para que haya una competencia salvaje, porque hay gente muy buena allá afuera. Hay que echarle todas las ganas del mundo.

¿Qué consejos le darías a los estudiantes o compositores jóvenes que aspiren a hacer lo que tú haces?

Lo tengo claro porque me han hecho esta pregunta muchas veces, y te voy a decir lo que le digo a mis alumnos.

Lo primero es que estudien. Como ya dije: no necesariamente el camino académico de doce años de conservatorio. Pero que sí estudien. Que conozcan su instrumento y a otros músicos. Que se alimenten de música.

Hoy en día tienen algo que yo no tuve en mi época de estudiante: Internet. Aprovéchenlo. Métanse a Apple Music. Métanse a Spotify. (No estoy haciendo ningún anuncio, ¿eh?) Métanse a YouTube, a Grooveshark. Métanse a escuchar música en cualquier plataforma. Hoy en día, con dos clics, puedes escuchar lo que está pasando en Madagascar, en Turquía, en Bolivia, en cualquier parte del mundo. Antes yo tenía que ir y perseguir un disco por meses. Entonces, escuchen, escuchen y escuchen.

Otro consejo que les doy es que escuchen también lo que no les gusta. Que el jazzista no sólo escuche jazz. Que el rockero no sólo escuche rock. Sálganse de su zona de confort. Porque así el jazzista va a descubrir que hay una cumbia maravillosa. El clásico va a llegar a escuchar un death metal maravilloso. La música es maravillosa si la sabes escuchar y apreciar.

Y un consejo más es el colaborar. Júntense con otros músicos y con otros artistas, porque esa parte retroactiva te alimenta muchísimo, y tú alimentas muchísimo a los otros artistas.

Esos son los tres consejos que yo siempre doy.

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Director de mercadotecnia para Avid América Latina con más de 20 años de experiencia en ingeniería de sonido y comercialización para las industrias de audio, vídeo, radio, cine y televisión.